Bueno, a pedido de algunos, acá dejo mi discurso sobre el bicentenario (ya se que con atraso, pero lo que vale es la intención…)
Bicentenario, es una palabra compuesta, quiere decir que cumple o tiene 200 años. En este caso en particular, hemos escuchado en lo que va de este año y en parte del anterior muchas veces esta palabra. Pero una pregunta ronda por mi cabeza, ¿acaso el número redondo “200” significa algo más importante que años anteriores para conmemorar el momento culmine de una revolución que daría inicio a nuestra independencia? He intentado comprender la importancia de este “número redondo”. Lo que me ha llevado como ciudadana a analizar varias situaciones. Y es aquí donde me detendré un momento para hablarles desde la responsabilidad ciudadana que implica deberes y derechos.
El primero de ellos es el derecho a la libertad, en todos los sentidos. La revolución marcó un punto de inflexión que cambiaría para siempre vida cotidiana del ciudadano común.
Feliz Luna nos cuenta algo interesante, quizás un dato que refleja el modo en que los ciudadanos argentinos nos manejamos en muchas ocasiones, él dice: “Imaginemos un día nublado y medio lluvioso, de esos que son tan frecuentes en el otoño porteño. Imaginemos que un vecino resuelve pasarlo junto al río, pescando. Con un sábalo o algún bagre, a la tardecita regresa a su casa. Su mujer le pregunta si trae alguna noticia, si vio algo novedoso. El hombre le dice que no: todo lo que hizo fue tirar la línea en las toscas. Ese día podría haber sido el 25 de Mayo de 1810 y ese porteño pudo haber sido uno de los tantos que no se enteró de nada de lo que ocurrió en aquella jornada .El cabildo abierto del 22 de mayo reunió a menos de quinientos vecinos y Buenos Aires tenía, en ese momento casi 40.000 habitantes. Es decir que sólo el 1 por ciento de la población participó de aquella trascendental reunión en la que se asentaron las bases conceptuales y jurídicas que fundamentarían el relevo del virrey y su reemplazo por una junta designada o más bien, asentida por el pueblo. Es probable, entonces, que la asamblea reunida más o menos tumultuosamente frente al Cabildo en la mañana del 25 de Mayo, no haya tenido un rating muy superior: 1000 o 1500 vecinos, como máximo. Nuestro pescador habría formado parte, pues, de la enorme mayoría que nada tuvo que ver con la transición del sistema colonial a un régimen nuevo, implícitamente comprometido con la independencia de estas tierras.”
Y yo sigo reflexionando que la revolución también marco un rumbo social y político del que todos formamos parte, aun cuando nos declaramos “no partícipes” de la actividad política, estamos involucrados en ella, nuestras decisiones y acciones afectan a todos los niveles de la sociedad, incluso, desde la ignorancia en estado puro. Lo difícil, es darse cuenta de esta participación, activa y concreta, ¿cuántas veces dejamos pasar los acontecimientos que nos convocan y creemos que no comprometiéndonos estamos a salvo? Si, no nos engañemos, todo acontecimientos social y político nos involucra aun en contra de nuestra voluntad. Y aquí es donde otros toman decisiones por nosotros. Supongo que para los efectistas movimientos de los políticos de turno es una excelente oportunidad, este bicentenario, para “mostrar” (entre comillas) o mejor dicho “mostrarse”. Nos mantenemos impávidos como el pescador que no se da por enterado que su vida está cambiando a manos de otros, sucede, que ese cambio a veces es para bien y otras para mal. En el caso de la fecha que nos convoca, fue para bien. Pero este sencillo ejemplo demuestra que sin participación ponemos en riesgo nuestra libertad, que no se puede dejar librado a manos de otros nuestras vidas, y que, como la historia lo ha demostrado y dejado asentado en páginas escritas con sangre, a veces, estas acciones son beneficiosas pero muchas son injustas y dolorosas. ¿Cómo afrontar nuestro deber como ciudadanos? ¿Cómo tomar las riendas de nuestra nación?.
Me gusta pensar que todos podemos ser héroes, constructores de nuestro destino, me gusta compartir ideas, discutir puntos de vista, hacer que las estructuras en las que nos movemos estén a favor de todos y no en beneficio de unos pocos.
Chicos, la revolución de mayo estuvo en manos de un grupo de intelectuales. Que nos dieron la posibilidad de ser hoy una nación que intenta regir su propio destino. Pero ahora, como en aquel entonces, el poder político está en manos de unos pocos, pocos elegidos por muchos, y muchas veces nos encontramos enfrascados en situaciones que parecen ajenas, extrañas, y que nos dan la sensación de que no las merecemos. Y en cierto modo, esto es así: no merecemos vivir con miedo a perder el trabajo, ni merecemos la pobreza, ni merecemos el miedo a la inseguridad, tampoco merecemos que otros países cuyos líderes responden a grandes intereses económicos nos tengan con la soga de la economía al cuello, ni merecemos que en momentos de crisis nuestros amigos y parientes se vayan lejos buscando un mejor pasar. Hay muchas circunstancias que no merecemos. Pero hay una verdad, de la que me hago cargo, desde mi visión, y que hoy la comparto con Ustedes: tenemos derechos que implican obligaciones: derecho a informarnos y a aprender. La mirada larga de la historia, no debe quedar en los libros, debe ser una mirada de la que nos apropiemos, “nuestra mirada”, esta mirada larga de historia es transformadora porque la miramos desde lo que hoy somos capaces de construir. Si nos quedamos como el pescador, ajenos al mundo, nos quedamos fuera de todo. Y es aquí, donde hoy, cobra sentido la palabra revolución.
Una revolución, no es un acto impulsivo y caprichoso, una revolución es una gestación, un crecimiento, un grupo de fuerzas e ideas que se van conjugando en pos de un objetivo común. Lleva tiempo, implica compromiso, implica convertirnos en ciudadanos responsables. Pero para eso hay que educarse, hay que leer, y tenemos que interesarnos por lo que pasa a nuestro alrededor. A eso yo le llamo “solidaridad política y social”, la única forma de protegernos como sociedad y de cambiar aquello no entendemos o que nos daña, es mediantes acciones concretas, tan concretas y simples como: conocer nuestros derechos y obligaciones, hacer nuestro trabajo lo mejor posible, informarnos desde varios puntos de vista. Si nos quedamos en la superficie, si solamente miramos los fuegos artificiales, jamás podremos comprender porque nos sucedes ciertas cosas. Lo que estoy intentando decirles, es que el número 200, es genial, es una gran ocasión para festejar el momento en que empezamos a comprender que podíamos ser independientes, pero si nos quedamos en el festejo solamente no sirve de nada!
Me gustaría poder decirles que estos 200 años han sido fabulosos. Pero no puedo mentirles. Estos 200 años han sido durísimos. Porque para que hoy disfrutemos de este momento muchas personas, y hablo de personas comunes como todos nosotros, han muerto, han luchado, han sufrido. Nuestra mirada, tiene que ser la mirada larga de la historia viva. Viva, porque somos protagonistas de nuestro tiempo y porque la escribimos con cada accionar. Tal vez no aparezcamos en los futuros libros de historia, pero tengan por seguro, que lo que ustedes decidan como ciudadanos será sin duda determinante. Aprendan y sobretodo compartan lo que piensan, actúen y sean fieles a sus ideales, no dejen pasar las oportunidades de mejorar el lugar en que viven y sobretodo no se dejen deslumbrar ni se dejen engañar, el único modo de lograrlo es educándose y participando.
Profe Gaby Barrionuevo


